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jueves, 19 de marzo de 2009
Martín Varsavsky explica como funciona el congestion charge en Londres (es decir una Tasa o costo de congestión)
viernes, 13 de marzo de 2009
Claves para los emprendedores que recién empiezan
Marcos Galperín, creador de Mercadolibre.com, Andy Freire, fundador de Axialent, y hasta Adrián Suar, mentor de Pol-ka, compartieron sus experiencias como emprendedores. Repasaron errores y brindaron consejos.
Confiar en una buena idea, no mirar el jardín del vecino, trabajar en equipo y ser humilde… son sólo algunos de los consejos que recibieron los más de 1000 asistentes a la 10° Conferencia que Endeavor realizó el pasado jueves.
Mercadolibre es quizás uno de los casos más paradigmáticos de emprendimientos argentinos que rindieron buenos frutos. La compañía de compraventa online recibió US$ 7,6 millones en una primera ronda de inversores en 1999, US$ 46,5 millones en una segunda en 2000 y un año más tarde eBay se convirtió en su principal accionista. En 2005 adquirió a DeRemate.com –su principal competidor en la región– y en 2007 comenzó a cotizar en Nasdaq. El 30 de abril de este año Mercadolibre.com estaba cotizada en US$ 2237 millones. Esta maratónica carrera, que comenzó en un garaje y llegó hasta Nueva York, no pasa inadvertida entre quienes hoy se animan a emprender su propio negocio, y Marcos Galperín, cofundador y CEO de la firma, se convirtió en palabra autorizada para ellos.
“Los jefes deben liderar con el ejemplo. Además, hay que tener cuidado con la inercia dentro de la empresa: hay que replantearse y ver qué tiene sentido y qué no para cambiarlo”, advirtió Galperín, quien dejó tres aprendizajes: “Fue importante enfocarnos en lo que querían los usuarios y en los productos, trabajo en equipo y ‘ojos rojos’ (por las horas que pasaban frente a una pantalla)”. Pero también hubo espacio para admitir errores: “Todos invertían en publicidad online y nosotros, sólo por imitarlos, desembolsamos US$ 5 millones; mucho más de lo que deberíamos haber hecho, porque muy poca gente tenía acceso a Internet”.
En la misma línea, Andy Freire, fundador y CEO de Axialent y cofundador de Officenet, consideró un error grave la falta de humildad: “Cuando creés que te la sabés, te quedás ciego. Por eso es bueno tener convicción, pero admitiendo que uno se puede equivocar. No hay que cerrarse. Todavía me pasa que hago algo que creo que está bien y seis meses después me doy cuenta de que estaba mal”. Y agregó dos aprendizajes: cualquier lugar es el correcto para emprender y no hay que mirar el jardín del vecino. “Estados Unidos no es mejor que América latina como oportunidad de crecimiento. Hay que jugar con las cartas que uno tiene, no con las que quisiera tener”, asegura.
Por su parte, Adrián Suar, fundador de Pol-ka –una de las productoras televisivas más importante del país– y director de Programación de Canal 13, se refirió al papel de la creatividad en la capacidad para emprender. “Una buena idea atraviesa paredes”, disparó. “Lo llamo efecto Harry Potter: la idea es como un truco de magia que te hipnotiza”, agregó. Pero también hizo una advertencia: “A veces el proyecto excede a la propia persona, por eso hay que saber dejarlo crecer”.
Financiamiento
Sin dudas uno de los desafíos más importante para el emprendedor es conseguir capital para financiar el proyecto. Muchas veces, eso implica convivir con los inversores. “Llegó un momento en el que un tercio de mi tiempo estaba dedicado a atender a los representantes de los fondos de inversiones. La empresa –Officenet– valía US$ 60 millones, pero las empresas del directorio sumaban como US$ 14.000 millones. En Axialent por ahora quiero personas, no fondos”, recuerda Freire.
“Recomiendo tener muy buenos abogados”, bromea Galperín, quien también repasó la llegada de la compañía a la bolsa de Nueva York. “En un principio iba a ser en Brasil, pero no se pudo por un tema legal. El Nasdaq no era conveniente porque es muy caro: nos cuesta US$ 2 millones por año”, recuerda. El CEO de Mercadolibre asegura que no trabajaron específicamente para el IPO (oferta pública inicial, por sus siglas en inglés), sino para la empresa, y que el momento llega. “Tiene que haber una empresa detrás, que sea rentable y sustentable, que no dependa de una persona sino que la exceda. No hay que caer en la tentación de mirar el corto plazo. La empresa me trascendió completamente”, concluyó.
¿Cómo se genera una cultura emprendedora?
Para Freire, está determinada por el comportamiento de los líderes, los sistemas formales de la organización y los símbolos intangibles a los que la gente otorga sentido. “No hay que ser caótico, los procesos son importantes”, advierte.
Por su parte, Galperín destaca la importancia de promocionar a los empleados: “En Mercadolibre prácticamente nadie viene de afuera a tomar cargos directivos. Todos tienen oportunidad de crecer dentro de la compañía”.
“No somos genios de la lámpara, también tuvimos suerte y buenos contextos, pero, sobre todo, pasión por emprender”, concluye Freire.
Vida personal
A la hora de emprender, la vida laboral y la personal se cruzan hasta el punto que los límites se vuelven muy difusos. “No tengo vacaciones desde hace 10 años, pero también trabajo mucho desde mi hogar. Incluso subí mi handicap”, resume Galperín. Mientras que Freire también trabaja mucho desde la casa y hasta asegura tener “acuerdos operativos” con su mujer. “A las 19:30 hs corto y apago la PC, pase lo que pase. Tampoco uso la Blackberry los sábados y domingos”, reconoce.
Fuente: Ignacio Federico revista APERTURA
Video Entrevista a Hernan y Matias Botbol, fundadores de Taringa (2da parte y final)
Tiene más de medio millón de visitas diarias y durante diciembre sobrepasó los 5 millones y medio de visitas únicas. Está en el puesto 228 a nivel mundial y 12 de la Argentina entre las páginas que más tráfico reciben. Detrás del boom, tres jóvenes que armaron el sitio casi sin otra infraestructura que sus computadoras y su ingenio. Un éxito que funciona muy simplemente: si alguien cree que tiene algo divertido que mostrar, lo cuelga. Una emergente versión porno.
¿Qué hay detrás de la comunidad virtual más visitada de la Argentina, en la que confluyen mensualmente más de cinco millones de personas? El éxito de Taringa se mide en la cantidad de visitas que tiene por día, más de 500 mil. ¿En qué consiste? Simplemente, en una comunidad on line, que permite a cualquier usuario registrado compartir todo aquello que encuentre divertido, original o interesante en Internet o incluso en su computadora. Así, en www.taringa.net es posible encontrar desde el manual de un auto hasta fotos, videos, cursos de todo tipo y biografías.La historia dice que una pequeña empresa dedicada al host o almacenamiento de páginas web tenía entre sus clientes el proyecto de un joven, que le había puesto a su sitio el nombre de Taringa. Como es habitual en este medio, la relación se basaba en el canje. Pero el dueño decidió emigrar a Costa Rica y vendió su creación a los hermanos Botbol (Matías y Hernán) y a un socio, Alberto Nakayama. Entre los tres reestructuraron el sitio, le dieron otra identidad y lo relanzaron, con más herramientas para los usuarios. Hoy se sostiene gracias a publicidad, alianzas comerciales, mensajes privados de empresas y posts patrocinados.
Lo interesante es que la “empresa” que mantiene el sitio no tiene una infraestructura que apabulle. Al mejor estilo de los emprendimientos puntocom que florecieron en 2000, Taringa apuesta al minimalismo: en una oficina sobre la avenida Santa Fe, sólo tres personas y dos servidores son los que administran los datos que se intercambian cinco millones de navegantes. “No ofrecemos servicio de host o almacenamiento de páginas web. Lo único que tenemos allí son bases de datos y las páginas web del sitio. El resto son links que la gente postea o recomienda”, señaló Botbol.
Control. Los contenidos que se suben a Taringa no pasan por ningún filtro. Pero hay reglas y un protocolo que los “taringueros” juran obedecer. Por ejemplo, no enviar links relacionados con sexo (para eso está Poringa, ver recuadro) o de sitios con virus, violencia o abuso infantil.
Asimismo, hay moderadores entre los propios usuarios, que son los encargados de echar una rápida ojeada sobre todo lo que se sube y de darlo de baja de inmediato si no cumple con las condiciones mínimas exigidas. Igualmente, no hay demasiados abusos porque no cualquiera puede subir cualquier cosa. “En primer lugar hay que registrarse, y después hay que ganar puntos, a través de lo que se postea o publica. Estos puntos los brindan otros usuarios más experimentados, y sólo se puede otorgar una pequeña cantidad por día. Sólo los usuarios “full” (que llegan a una determinada cantidad de puntos) pueden comentar.
Sin una función en particular, más que la de poder ser una especie de brújula para ver cosas interesantes en ese mar que es Internet, Taringa sin embargo cumplió con un rol solidario que muestra el alcance de la comunicación que puede llegar a establecerse entre sus fieles acólitos: a finales del año pasado, el sitio apareció en todo los medios porque un usuario publicó un aviso donde pedía datos de su padre, al que no veía desde hacía 25 años. Gracias a toda la “comunidad taringuera”, en 48 horas logró dar con su paradero. Exitos detrás del éxito.
Una mirada a Poringa
Taringa tiene un primo hermano en la Web: se llama Poringa, y es un sitio similar pero con contenido erótico, o directamente pornográfico. Está dirigido a todos aquellos que quieren compartir fotos, relatos, videos y links con imágenes y textos bien explícitos. Aquí tampoco hay filtros, salvo los que figuran en los términos y condiciones que debe leer todo aquel que se registra. Poringa recibe un total de dos millones de visitas mensuales. Los títulos de los posts no dejan dudas respecto de los contenidos: de “Se desnuda suavemente” o “Una nena muy sexy” a “Un pete argentino con buenos diálogos”.
Video Entrevista a Hernan y Matias Botbol, fundadores de Taringa (1ra parte)
¿Qué es Taringa!? En pocas palabras, una comunidad de usuarios dispuestos a compartir información que se traduce en descarga de películas, música, software y casi todo lo que uno pueda buscar en Internet sin pagar. Inteligencia colectiva le llaman ellos. Aunque sus detractores digan que es pura viveza criolla. Ajenos a las críticas, los Botbol dicen que en Taringa se trabaja por el bien de todos. "La suma de las partes hacen un mejor sitio", dice Hernán, el menor de los hermanos.
La historia agregará que al sitio no lo inventaron los Botbol. Se lo compraron a un cliente allá por 2006 por una cifra hoy irrisoria. En esa época tenía 30 mil visitantes únicos. Ellos reformularon la idea y en marzo de 2007 pidieron pista. "Teníamos la semilla del árbol, había que regarla", dice Matías. Claro que en los comienzos, el árbol tenía una rama XXX, una usina de tráfico que luego mudaría sus contenidos para adultos a Poringa! Otro éxito, otra historia.
La mayoría de la información la aportan los usuarios, y éstos pocas veces la producen sino que la toman de otro sitio. En total son 27 categorías con temáticas muy amplias. "Todo lo que sea multimedia funciona bien y lo mismo pasa con los llamados nichos", dice Hernán. Con nichos se refiere a esos contenidos decretados muertos o con muy poco espacio en los medios masivos. Matías, consciente de que muchas veces son señalados por "beneficiarse" del aporte de los usuarios, responde: "No estamos arriba de la comunidad, sino abajo, nuestra tarea es defender la convivencia". Y Hernán redondea: "Nuestro trabajo es hacer que Taringa! sea una buena herramienta y que los usuarios, gracias a eso, puedan compartir".
Pero desde Napster, aquel sitio para compartir archivos entre pares que le dio el primer gran golpe a la industria discográfica, la palabra compartir hiere los oídos de cualquier productor de contenido con copyright. "La situación es confusa. Internet vive de los links. Google es así, Yahoo es así", grafica Matías. Lo saben y lo dicen: en esa maraña de sitios web que convive en Internet, en donde todo se relaciona con todo, nadie tiene el control.
Y menos ellos. "Desconocemos si el contenido de un post tiene derechos", responden, casi de manual. Y aclaran: "Siempre que nos llegue una denuncia del titular de esos derechos, eliminamos el post". Frente a las denuncias de piratería, la estrategia es clara. "Por temas legales usamos como espejo a Google o a Blogspot, prohibiendo los links, hasta Google dejaría de existir", dicen
Pero Taringa! tiene más argumentos que el todo gratis. Sin ir más lejos, el sitio va construyendo su propia cosmogonía. Una escala social que sin premios materiales tiene imantados a miles de usuarios mediante la entrega de puntos. Y sí, como en tierra firme, los taringueros están divididos en clases sociales. Están los usuarios Great, apenas 67; los Gold, que suman 67; los Sylver, 450; los Full, 54.238; los New Full, 80.566 y luego vienen los novatos, algo así como un 1,5 millones de registrados con el rótulo de plebe. La democracia de Internet, ¿es puro verso?
"Distinguimos a nuestros usuarios, por eso creamos las categorías", dice Matías. Claro, él mismo con el nick Manolo12 está bien arriba en la escala social, si hasta lo llaman el Señor Taringa! "Hay usuarios que son más prestigiosos que otros porque aportan mejor contenido o son más ingeniosos", aclara Matías. Y con tantas diferencias sociales, por supuesto hay lucha de clases. "A veces hay guerra y hay problemas internos, pero la comunidad siempre es más importante, son peleas de entre casa", sigue Matías.
La pregunta del millón es para qué sirven esos puntos que otorgan los mismos usuarios y que permiten trepar en la escala social. Los hermanos Botbol coinciden en que los taringueros mejor ranqueados se convierten en líderes de opinión. "Ese reconocimiento a veces llega a la vida real", dice Matías y cuenta historias de taringueros "famosos" a quienes les hacen regalos en negocios o boliches una vez que se enteran de quiénes son. A otros no les va tan bien, claro. Es el caso de Peluchín, un taringuero al que tomaron de punto a quien desde hace meses vapulean con videos, fotos trucadas y las gastadas digitales más impensadas. "Son fenómenos que se producen dentro de la comunidad y que no podemos parar", explicó Matías.
El diseño, el manejo de la publicidad y la moderación de los comentarios son otros puntos fuertes. "Taringa! se está rediseñando todo el tiempo, pero es importante que los usuarios no vivan cambios abruptos", dice Hernán. Y agrega: "Queremos un sitio simple que se destaque por su funcionalidad". En relación a los comentarios, un dolor de cabeza para muchos sitios argentinos, las reglas son claras. "Como estamos en la Argentina, tratamos de evitar los debates políticos y futboleros, que suele derivar en discusiones sin sentido", dice Matías quien sabe bien lo fácil que es discutir e insultar detrás de una computadora y sin dar la cara. "Eso genera violencia y peleas que se alejan del sentido del sitio, que está basado en la colaboración mutua", dice.
Desde noviembre , cuando un chico encontró a su padre después de años sin verlo publicando un anuncio en Taringa!, el sitio, por su tráfico, se ha vuelto un referente a la hora de buscar gente o hacer pedidos solidarios. También son cada vez más frecuentes los encuentros entre taringueros. " El taringuero puede ser un banquero, un mecánico y aunque no lleva un look especial sí tiene en común el hecho de dominar la tecnología", dice Matías que esquiva cualquier comparación con las tribus urbanas o con otras comunidades como los floggers, por ejemplo. "El 80 por ciento de nuestros usuarios tiene entre 18 y 35 años, a muchos les gusta compartir información y son muy proactivos, no es el tipo de gente que se sienta a mirar televisión", define Hernán.
Y el perfil del taringuero es transnacional. El sitio es muy fuerte en España, México y Chile, y los Botbol están muy entusiasmados con su próximo desembarco en Brasil. "Somos conscientes de que en Internet el éxito puede ser efímero, pero trabajamos duro para que esto funcione". ¿No estarán haciendo esto sólo para llenarse de plata? "No somos mercenarios de Internet, nos gusta lo que hacemos y nos gusta vivir de esto", dicen al unísono. Entre risas, vistiendo bermudas y ojotas, los Botbol recorren sus oficinas todavía incrédulos. "Viajamos en colectivo y escuchamos a gente que habla de Taringa! y decimos ¡Guau, hasta dónde llegamos!".
Fuente: Por Horacio Bilbao y María Farber de clarin.com













